que se basa en la filosofía de la NO-RESISTENCIA. No-resistencia significa reducir los instintos agresivos, combativos y destructivos de una persona, y encauzarlos a través del AMOR CREATIVO.
Defendernos de un atacante impidiendo que nos haga daño, no es fácil. Menos aun lo es, si adicionalmente nos proponemos defendernos SIN CAUSARLE DAÑO AL AGRESOR, sino que mas bien respondemos a su ataque con AMOR. Esto parecería utópico, pero es la meta del Aikido, lo cual demuestra la profunda ÉTICA que lo fundamenta. Desde este punto de vista, el Aikido está en armonía con todas las religiones basadas en el Amor y la Fraternidad: Cristianismo, Shintoismo, Budismo, Islam, etc.
Para el practicante de Aikido, un agresor que intente lastimarnos -con sus puños, pies o armas- es una VALIOSA criatura del universo, tan valiosa como cualquier otra, quien por circunstancias de la vida ha perdido momentáneamente la armonía y despliega su violencia interna contra otros. El hecho de que nos ataque y quiera lastimarnos, no es motivo para que lo lesionemos o lo destruyamos. Debemos, mas bien, protegerlo y ayudarlo a que recupere la ARMONÍA PÉRDIDA.

Dibujo elaborado por Zucco Domenico Sensei.
Tanto a nivel físico como espiritual el Aikido busca la ARMONIA entre las personas, en aras de la unión y evitando la confrontación, debido a que no se quiere fomentar en ningún momento el dualismo vencedor-vencido : no hay ninguna forma de competición o combate en esta disciplina.
Creado por Morihei Ueshiba, un experto quien alcanzó un elevado nivel de maestría en artes marciales japonesas, sin embargo sus orígenes se remontan al 1056 aproximadamente con la creación del Aikijutsu. Todas las normas del Aikido están relacionadas con el principio de la No Resistencia. En el se aprende a no oponerse a la fuerza del adversario, sino mas bien guiar al atacante en la dirección de su propio impulso hasta derribarlo en uno o varios movimientos que siguen tendencias naturales.

KISSHOMARU UESHIBA
HIJO DEL FUNDADOR
A continuación, usted podrá encontrar una breve síntesis sobre los fundamentos técnicos y filosóficos de este maravilloso arte, la cual, esperamos, le permita formarse una idea global acerca del Aikido.
- Aikido, el Arte de la Paz : una práctica de la no violencia
- El Aikido y sus Principios
- La Armonía del Amor
- Aikido la Vía de la Paz
- El Aikido y otros Budo
- Los Cinco Principios del Aikido
- La practica en seiza
Nota: Una gran porción de los textos siguientes son apartes tomados de libros de altísima calidad escritos por los mas grandes exponentes del Aikido en el mundo: Kisshomaru Ueshiba (hijo del fundador), Mitsugi Saotome (uno de los mas destacados discípulos del fundador) y el mismo Morihei Ueshiba, entre otros.
1. AIKIDO, EL ARTE DE LA PAZ :
UNA PRÁCTICA DE LA NO VIOLENCIA
El aikido del maestro Ueshiba, cuyo conocimiento de las artes marciales y experiencia de los hombres eran grandes, es un método de autodefensa. Un poco particular, sin duda un poco sofisticado, su método se conforma a ciertos imperativos de orden moral, numerosos y complejos. Y es justamente por estos imperativos que se distingue de todas las formas mas comunes de autodefensa.
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O SENSEI MORIHEI UESHIBA
Para ilustrar su principio, es necesario desembarazar el aikido de un equívoco. En él no hay ataque. En esencia defensivo y sin intención de combate, este arte marcial no enseña la estrategia ofensiva. En el marco del entrenamiento entre aikidokas, el nage, que ocupa el lugar del agredido -de la víctima- debe enfrentar a sus compañeros que desempeñan el papel de los agresores: los uke. Se sobreentiende que los papeles son intercambiables.
Uke es el nombre que designa al que ataca; es el elemento antagonista por intermedio del cual el nage -el que es atacado- cobra conciencia del ataque, su forma, su dinámica y su resistencia, y elabora su estrategia y perfecciona sus medios de defensa siempre dentro del espíritu del aikido.
El nivel y la variedad de los uke hacen que la gama de los ataques sea considerable, y pasa del ataque indeciso y vacilante al ataque preciso, rápido y eficaz. Esto contribuye a poner al nage en situaciones cambiantes y hasta imprevistas, en un término de tiempo extremadamente corto, obligándolo así a adaptarse in situ a la agresión misma y, a partir de allí, al nivel de técnica de su agresor.
Sea que el ataque provenga de un principiante o de un experto, el nage debe defenderse de manera tal, con tal habilidad y maestría, que no debe lastimar y menos todavía matar a su agresor. El resultado de la acción del nage no se obtiene por la destrucción mas o menos completa del agresor (o los agresores), sino por el restablecimiento del orden, una vuelta al equilibrio que hace que el uke pierda su agresividad y su intención de atacar. El aikido se sitúa en este nivel superior de la moral de la autodefensa.

Este arte, esencialmente defensivo por voluntad de su fundador, excluye de manera categórica todo comportamiento ofensivo de parte de sus practicantes. Su espíritu conciliatorio tampoco se acomoda a una actitud de provocación, evidente o sutil, incitando al otro a atacar preparando al mismo tiempo con escrúpulo la propia defensa.
Por el respeto a la vida que pretende enseñar a sus practicantes, el aikido les recomienda protegerse y defenderse con eficacia al ser atacados. Deben proceder de modo a respetar la persona física de su(s) atacante(s) y evitar, en tanto sea posible, lastimar a su(s) adversario(s).
Las circunstancias que los ponen en situación de legítima autodefensa no los autorizan a destruir al agresor en la medida en que disponen de los medios técnicos y la competencia necesarios para actuar de otro modo.
La habilidad corporal que requiere el aikido resulta de una práctica intensiva en la búsqueda de los medios de defensa, pero está también determinada por una intención moral. Esta intención moral en el origen del principio director del aikido le otorga sus dimensiones humanas y sociales y lo convierte no ya sólo en un método de autodefensa, sino en un verdadero DO, es decir, en un método de educación.
La vía que emprende el aikido en materia de arte de combate conduce a practicar la no violencia. Pero estamos lejos de la inercia, la pasividad de que dan prueba los que predican la no violencia y dejan que se desarrolle, por su cobarde actitud, la violencia en todas sus formas. Estamos también lejos de la represión sistemática de la violencia, que consiste en oponer al adversario una fuerza mucho mas grande que la que él puede desplegar y capaz de aniquilarlo, por un tiempo al menos, sólo permitiendo que crezca en ellos el deseo de venganza o la espera de la oportunidad de la represalia.
Lo que constituye la especificidad del aikido es esa ausencia de intención violenta, de deseo de afirmarse oponiéndose a los demás o aplastándolos. Jamás se ve en un dojo de aikido, cuando menos allí donde el maestro cuida que todos sus alumnos se eleven por sí mismos sobre los remolinos infernales de la violencia, que los practicantes se abandonen a ademanes agresivos, incontrolados o aun que comenten sus acciones con palabras violentas. Lo que, es preciso repetirlo, nada quita a la potencia y eficacia de su defensa, pero contribuye fuertemente al desarrollo de todas sus capacidades y da testimonio de su maestría en el nivel de que se trate.

En ningún momento de la práctica de aikido se manifiesta brutalidad ni violencia. Aun las técnicas de contención, que sirven para inmovilizar al antagonista (para desarmarlo, por ejemplo, en el caso de ataque con arma blanca) no corren el peligro de lastimar o de provocar una fractura. Se practican en el sentido de la flexión natural de los miembros después de evitado y controlado o dirigido el ataque. Desde el principio hasta el final del movimiento de defensa, todo no es mas que selección y medida. Selección del procedimiento de contención que, por cierto, hace intervenir el dolor -un dolor, si se me permite expresarlo así, natural, no brutal ni traumático- y selección del movimiento que permite el mejor control del atacante sin brutalidad, sin riesgo de lastimar, en una perfecta sincronización espacio-temporal del ataque y la defensa.
La práctica de la no violencia en aikido es una aplicación directa de la actitud de no violencia en el sentido en que la entienden los orientales; no es una sumisión pasiva o una actitud del espíritu. Es acción. Y, para actuar en un contexto de violencia, el aikido necesita los medios de luchar contra ella sin volverse su cómplice. Precisa el conocimiento de las diferentes modalidades bajo las que puede manifestarse y es por ello que a este conocimiento exterior de las realizaciones de la violencia se añaden, más esenciales y más primarias todavía, el conocimiento de sí y el dominio del comportamiento.
Un practicante, libre interior y exteriormente, habiendo recorrido el largo y duro camino del dominio de su arte, ve esbozarse, aun antes de que se concrete, el ataque perturbador; basta entonces, mediante un ademán positivo y perfectamente adecuado, detener la progresión del ataque o detenerlo aun antes de que se produzca físicamente. Otro menos dispuesto no puede actuar a tiempo y hacer fracasar la agresión en el momento de su nacimiento. Le queda sin embargo el medio de "actuar con el ataque" en un movimiento negativo que adopta la forma de una esquiva y un control remolineante que lleva al agresor sobre la alfombra.
En uno y otro caso, el resultado es el mismo: el control no brutal del atacante y la disgregación a la vez del ataque y la intención que lo controla, y la vuelta al orden inicial.
2. EL AIKIDO Y SUS PRINCIPIOS
Las características de las técnicas básicas del Aikido son la libertad y la espontaneidad moviéndose esféricamente. Los movimientos y ademanes esféricos son el alfa y el omega del entrenamiento en lo que se refiere a los movimientos corporales que incluyen girar y pivotar (tai-sabaki). Los movimientos esféricos en Aikido nacen del esfuerzo por dar respuesta a preguntas tan vitales como estas: ¿Qué hacer cuando uno se enfrenta con alguien físicamente mas fuerte? ¿Cómo puedo controlar al otro sin utilizar ningún tipo de armas? ¿Cuál es la forma mas racional de dominar a un adversario sin recurrir a una peligrosa violencia o a tretas psicológicas?

Analogía entre el movimiento de una peonza
y los movimientos del Aikido
El cuerpo humano en movimiento es similar a una peonza, y cuando no está en movimiento se mantiene en la estable postura de un tetraedro regular. Esta posición de base triangular es la postura ideal para comenzar las técnicas de Aikido. Como al iniciar el movimiento el cuerpo se convierte en una peonza, las técnicas de Aikido deberían permitir un estado en el que poder cambiar el CENTRO del adversario por medio del propio movimiento esférico en torno a nuestro CENTRO con el objeto de envolverle a él y poderle manejar.
El principio y aplicación de la rotación esférica como principio del Aikido fue concebido por el maestro Morihei Ueshiba. El Fundador dominaba varias formas de jujutsu, como la de la Escuela Kito y la de la Escuela Daito, y se entrenaba en el antiguo arte del sable de la Escuela Shinkage. Descontento con lo que había aprendido, se sometió a un entrenamiento y una disciplina rigurosos, propugnando finalmente por la manifestación libre del yo en movimiento esférico.

MORIHIRO SAITO SENSEI
El principio que se encuentra en el jujutsu clásico de que lo blando controla a lo duro y lo flexible vence a lo rígido, fue heredado, aunque con una diferencia fundamental, por el maestro Ueshiba en su formulación del Aikido. En el antiguo jujutsu se enseñaba que "cuando te empujen, cede; cuando tiren de ti, empuja hacía adelante". En los movimientos esféricos del Aikido, en cambio, esto se convierte en: cuando te empujen, pivota y gira; cuando tiren de ti, entra girando, lo que quiere decir que uno debe moverse circularmente en respuesta al adversario y que, mientras nos movamos esféricamente, mantendremos el centro de gravedad que crea el eje estable del movimiento. Al mismo tiempo, el centro de gravedad del adversario se alterará, y al perder su centro también perderá todo su poder; entonces, se le podrá someter rápida y definitivamente, sin causarle daño.
Esta circularidad del movimiento difiere de la trayectoria rectilínea propia del jujutsu y procura mayor variedad y eficacia si se utiliza a fondo como resultado de la acción entre fuerzas centrífugas y centrípetas propias del movimiento esférico.
Por esta razón, en el Aikido no estamos en oposición dual con el adversario, sino que formamos con él una unidad que controlamos a través de la fuerza centrífuga que mana de nosotros y de la fuerza centrípeta que viene hacia nosotros. Cuando este movimiento esférico se mantiene como una unidad sistemática, aparecen entonces el bello ritmo y el movimiento circular fuera de lo común, propios del Aikido. Por eso, decimos que en Aikido no hay dualidad, ni hay lucha, ni hay adversario.
A pesar del hecho de que el Aikido enseña técnicas "rudas" , como los golpes directos (atemi) y las presas de muñeca, heredadas de antiguas artes de combate, la insistencia en la rotación esférica produce la impresión visual de una danza coreográfica, suavemente fluida, refinada y delicada.
De hecho, con bastante frecuencia, practicantes con poca experiencia critican la suavidad de los movimientos de Aikido, asimilándolos a los de la danza. Ellos ven el reflejo de sus propias concepciones acerca de la vía marcial. Las imágenes estereotipadas del conflicto y la lucha dominan en sus mentes. Para ellos fuerza es sinónimo de choque y sólo reconocen las formas de ataque mas simples. ¿Choca la luna contra la tierra? ¿Desafía la Tierra a Marte o a Júpiter? Sus prejuicios bloquean la aceptación de la verdad. Su hostilidad bloquea el desarrollo del poder verdadero.
Practicantes de todos los estilos de bujutsu y Budo se acercaban a O Sensei para consultarlo. Él les decía: "Ustedes deben tener el espíritu de un shoshin, de un debutante, una mente tenue y sutil como una hoja de papel para que en ella se inscriban los secretos del Aikido. Una mente llena de prejuicios y opiniones categóricas no puede asimilar las verdades universales. Si una taza siempre está llena, el agua se pudre. Para que el agua sea fresca, es necesario vaciar regularmente la taza".
La palabra Aikido esta compuesta de tres sílabas o vocablos japoneses cuyo significado es :

AI: Unión, Armonía, Amor.

KI: Espíritu, Energía Vital, es un concepto de difícil traducción.

DO: Camino o Vía de Desarrollo, Norma de Conducta
AIKIDO, entonces, significa la unión del cuerpo y el espíritu. El Arte de la Armonía Interior. El Camino de la Armonía Universal. El Camino para la Unificación con el cosmos. El Camino de la Paz de Espíritu. El Camino de la Paz o El Arte de la Paz.
El sistema mencionado por el Maestro Ueshiba es el estudio y perfeccionamiento de la técnica de base, "kihon waza " que es lo esencial del principio del Aikido. Es el elemento primordial de su filosofía que ilustra el mismo principio desde muchos ángulos diversos. Las técnicas hay que practicarlas con espontaneidad, armonía, sinceridad, dependiendo de la situación que se presente comprendiendo sus puntos en común, sus aplicaciones y su aporte filosófico. La técnica es una creación que fluye naturalmente, es única en instante y formas. Ha de existir una sincronicidad con el compañero. La atención, ataque , dirección deben ser sinceros. Los momentos y las formas no se vuelven a repetir, pero los principios básicos son inmutables. La esencia del Aikido es la espontaneidad y el cambio. El Aikido es tan vasto como el mismo Universo.
Se debe atacar apropiadamente, para que exista una adaptación a la técnica, así se podrá profundizar en la dinámica del Aikido, estudiando el fluir de la energía y sus consecuencias. Si se ataca correctamente, el compañero tendrá la oportunidad de asimilar y mejorar su técnica. Observando nuestros puntos débiles y los del compañero adquirimos enormes progresos.
Los kihon waza no son fáciles, para entenderlos se necesita buscar y verificar sus principios, su verdad e intención. Verificarlos en nuestro cosmos, en el entorno con sus diversas manifestaciones de energía, con sus características inherentes; observar sus repercusiones sobre el cuerpo humano, sobre sus principios físicos, mentales, espirituales, emocionales. Todo esto permite entender de una mejor manera sus principios.
Las técnicas han sido planteadas para direcciones diferentes y particulares. En jiju waza (técnica libre) es importante vivir el ataque como único en su momento, sus características de liberalidad y sinceridad deben ser únicos. Los kihon waza deben ser vigilados concienzudamente durante el proceso de practica cotidiano.
La parte de la resistencia es un factor de vital importancia durante la practica, se debe desarrollar con un espíritu abierto, colaborador, pero no competitivo, manifestándose en el momento oportuno, con sinceridad y honestidad. De lo contrario sus efectos son peligrosos, contradictorios y perjudiciales.
El ukemi (técnica de caídas y protección) es el primer paso en el estudio del Aikido. Es de vital importancia practicarlos de una manera adecuada para evitar lesiones durante la práctica, también para esquivar de la mejor manera posible los ataques por parte del compañero de práctica. Para lograrlo, debe llevarse el ataque hasta el final y aceptar el ukemi, estar disponible y consciente de lo que sucede en su entorno, dispuesto a responder rápidamente siguiente ataque.
El trabajo del ukemi se concibe de forma que el impacto de la caída no recaiga exclusivamente sobre una parte del cuerpo. El contacto se hace desde el hombro a la cadera opuesta bajo la forma de un giro. Sin caer sobre la espalda, en una posición vulnerable, para levantarse enseguida en posición de hanmi.
El movimiento circular utilizado en Aikido protege partes corporales como los riñones y la zona del hígado. La caída debe ser un masaje, con sus respectivas consecuencias positivas sobre músculos, tendones, piel, espalda, cuello, etc. Con la práctica continúa la columna vertebral se flexibiliza, hay estimulación sanguínea, irrigación completa de oxígeno por todo nuestro cuerpo; expandiéndose la energía por todo el cuerpo, eliminando impurezas y toxinas. Con el ejercicio de la mirada periférica nuestro trabajo cerebral en los dos hemisferios se acentúa, desarrollando las cualidades de cada uno de estos, dando como resultado un equilibrio físico, emocional, mental y espiritual.
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