El Misterio del centro móvil

 

Available Languages

por Daniel Kempling

Traducido por Angye Alejandra Bahena García

Creo que los estudiantes de Aikido, este arte marcial mágico, todos nos esforzamos por expresar eficientemente la fuerza en nuestras técnicas y neutralizar sin problemas esa misma fuerza en nuestros cuerpos a través del estudio del ukemi. A pesar de que entrenamos sinceramente año tras año con muchos buenos ejemplos antes que nosotros, aun pasamos por alto este objetivo.
¿A que se debe esto?
¿La habilidad de movernos a partir de nuestro centro esta reservada para unos cuantos elegidos?
¿O será que estamos “ladrando al árbol equivocado”?
Tal vez no estamos haciendo las preguntas adecuadas, o, como maestros, manifestamos esta habilidad, pero carecemos de un diseño pedagógico claro
para transmitirla a nuestros alumnos.
Mi trabajo como entrenador personal y como instructor de Pilates me ha proporcionado algunas herramientas de investigación que han sido de gran ayuda para mi entendimiento de lo que significa movernos a partir de nuestro centro. Aún reconociendo las limitaciones para transmitir esto por medio de la palabra escrita, haré algunas observaciones.
Desde una perspectiva estrictamente física, he aquí el problema como yo lo veo: con el fin de hacer nuestras vidas más cómodas, hemos creado para nosotros soportes ergonómicos tales como las sillas y los inodoros, lo cual ha dejado un profundo costo en la alineación ideal de nuestra columna vertebral. Desde nuestra infancia, hemos encajonado nuestros pies en los zapatos, amortiguando nuestra conexión con la tierra. Hemos pavimentado nuestros caminos y construido escaleras entre las alturas, limitando la movilidad de las articulaciones de la cadera debilitando las piernas.
Es con tales cuerpos que la mayoría de nosotros inicia el estudio del Aikido, un arte que presupone precisamente las capacidades físicas que no poseemos. Hasta que no tratemos esos defectos, nuestra búsqueda para lograr un movimiento holístico y coherente será verdaderamente como buscar una aguja en un pajar.
Tratemos estos problemas, entonces, comenzando con la alineación de la columna vertebral.
La columna vertebral humana ha evolucionado hacia una forma ideal que permite la fuerza, la absorción de choques y la libertad de movimiento cuando esta alineada verticalmente a la fuerza de gravedad. La columna no es desde luego, un hueso sólido, sino una serie de vértebras conectadas, similar a un collar de perlas, que depende de una contracción muscular adecuada para mantener su forma ideal.
Cuando nos paramos o nos sentamos, lo ideal es que la pelvis este vertical a una pequeña concavidad en nuestra espalda baja. Los omóplatos están hacia abajo y atrás, la barbilla está elevada, y la parte superior de la cabeza se extiende hacia el cielo. Sin embargo esta postura es muy rara en estos días. Lo cual se puede atribuir a nuestra dependencia a la silla.
Ya sea que estemos sentados en nuestros escritorios, en nuestros sillones, o manejando nuestros carros, dejamos por completo a las sillas el trabajo de dar soporte a nuestra columna, y no solamente hemos olvidado como se siente una alineación adecuada, sino que también hemos descubierto que nuestra musculatura central, nuestro corsé natural, se ha tornado flojo.
Esta pérdida de elasticidad ha tenido un impacto debilitante sobre nuestra habilidad para proteger nuestra columna, y las lesiones de espalda baja son frecuentes en nuestra sociedad. Incluso entre los jóvenes.
La segunda gran contribución de la vida moderna, el inodoro, ha ahorrado a pocas de nuestras pasadas generaciones la indignidad de agacharse para aliviarnos. Aparentemente la vida se ha vuelto mucho más sanitaria.
Sin embargo, también esto ha dejado un profundo costo en nuestros cuerpos.
Debido a que ya no nos agachamos, hemos perdido demasiada fuerza en nuestras piernas, especialmente al nivel inferior del movimiento. Descubrimos que la movilidad de la articulación de la cadera, cuya evolución permite la rotación libre, esta sumamente estrangulada. Nuestros tendones se han estrechado, jalando la pelvis hacia la parte posterior, lo que contribuye al mal alineamiento de la pelvis, tendencia creada por la influencia de la silla.
Como el agacharse es una acción extraña e incómoda, tendemos a inclinarnos desde la cintura para recuperar objetos del piso. Esto nos causa un uso excesivo de los extensores lumbares relativamente pequeños y una falta de uso de los glúteos y los cuadriceps, músculos mas grandes y diseñados para dicho trabajo.
También las rodillas, hoy, raras veces son estimuladas bajo carga dentro de su completo rango de movimiento, y por lo tanto se han debilitado. Débiles y sumamente vulnerables a las demandas a las que son sometidas durante la práctica de una disciplina tan vigorosa y dinámica como lo es el Aikido.
Ahora, el Aikido saltó de una cultura física que si se agachaba y que utilizaba mucho menos las sillas. Cuando los maestros de Aikido japoneses transmitían este arte al occidente, se dieron cuenta de que no sólo se enfrentaban a una cultura diferente a la suya, sino a un cuerpo diferente desde el punto de vista kinestético. Algunos han comentado que nuestros cuerpos occidentales parecían estar al revés.
Cuando una persona es incapaz de utilizar efectivamente la fuerza de las piernas y de la región pélvica, solo puede confiar en lo que le queda: su torso, el pecho y los brazos
Las posibilidades son, si has estado entrenando Aikido durante un periodo de tiempo, te han dicho que te relajes. A veces esta corrección se pronuncia con tal vehemencia que inspira cualquier cosa menos la relajación.
Acepto que lo que necesitamos hacer es tensar apropiadamente en los lugares y los momentos correctos, creando una ola de eventos musculares que establezca una línea clara de fuerza en el cuerpo.
Estabilizando y fortaleciendo nuestros músculos centrales, protegeremos nuestra espalda, definiremos, vívidamente, nuestro centro físico, y liberaremos la parte superior del cuerpo para que pueda desempeñar el rol que le corresponde.
Estirando y movilizando nuestras piernas y articulaciones de la cadera, salvaguardaremos nuestras rodillas y construiremos una base física para una clara expresión de la fuerza del cuerpo entero
Esto nos lleva a la pregunta ¿cómo exactamente?
Estoy trabajando en eso.
Este ensayo se publicó originalmente en el verano del 2004 tema de Biran y como un blog dentro de Aikido Journal en enero del 2006

Le mystère du centre mouvant

Traduction française: Robert Laval

Je crois qu’en tant qu’élèves d’Aikido, cet art martial magique, nous recherchons tous à exprimer la force de façon effective dans nos techniques et de neutraliser cette même force dans nos corps par l’entremise de l’étude de « ukemi ». Malgré notre entraînement sincère année après année avec de bons modèles, nous ratons néanmoins la cible à cet égard.
Et pourquoi? Est-ce que l’habilit
é de pouvoir se déplacer à partir de son centre est un art réservé aux personnes exceptionnelles? Où est-il possible que nous faisons fausse route?
Peut-être nous ne posons pas les bonnes questions, ou peut-être en tant qu’enseignants il nous manque une stratégie pédagogique claire pour le transmettre à nous élèves même si nous avons intégré cette habilité personnellement.
Mon travail en tant qu’entraîneur personnel et instructeur de Pilates m’a doté d’outils de recherche qui m’ont bien servi à mieux comprendre ce que représente se déplacer à partir de son centre. Malgré les limites de la communication écrite, je vous présente néanmoins les quelques observations suivantes.
Dans une perspective purement physique, voici le problème tel que je l’entrevois : afin de simplifier notre vie, nous avons créer des aides ergonomiques telles la chaise et la toilette à chasse d’eau qui ont eu des répercussions très néfastes sur l’alignement idéal des vertèbres. Depuis la petite enfance nous avons chaussé des souliers amortissant notre contact avec la terre. Nous avons asphalté nos sentiers et avons construits des escaliers entre les différents niveaux réduisant la mobilité de l’articulation de la hanche et faiblissant les jambes.
C’est ainsi que la plupart parmi nous se présentent à l’étude de l’Aikido, un art qui présuppose des capacités physiques que nous ne possédons pas. À moins que nous adressions ces lacunes dans notre poursuite holistique, la recherche de mouvement cohérent ressemblera en effet à la recherche d’une aiguille dans une botte de foin.
Adressons ces problèmes en commençant avec l’alignement des vertèbres.
La colonne vertébrale humaine s’est évoluée à une forme idéale qui encourage la force, l’absorption des chocs et l’aisance de mouvement lorsqu’elle se trouve alignée avec la force de gravité. On comprend bien que la colonne vertébrale n’est pas un seul os mais une série de vertèbres reliés comme un collier de perles qui dépend sur une contraction musculaire appropriée afin de conserver cette forme idéale. Lorsqu’on est assis ou debout, théoriquement le bassin est vertical avec une concavité légère dans le bas du dos. Les omoplates ont une position baissée et postérieure, le menton est de niveau, et le dessus de la tête se pointe vers le ciel. Néanmoins une telle posture est si rare de nos jours qu’elle se fait remarquée. Pour ceci, on peut en somme l’attribuer à notre dépendance sur la chaise.
Qu’il s’agit d’être assis à notre bureau, effondré dans un sofa ou à la roue de notre automobile, nous abandonnons si complètement à nos chaises la tâche de support à la colonne vertébrale, que non seulement nous avons oublié la sensation d’une colonne vertébrale bien alignée mais nous découvrons que notre musculature de base, notre corset naturel, est devenu mou.
Cette perte de résilience a eu un impact débilitant sur notre habilité de protéger notre colonne vertébrale et les blessures au bas du dos sont devenues endémiques dans notre société, et même parmi nos jeunes.
La deuxième grande contribution à la vie moderne, la toilette à chasse d’eau, a épargné aux dernières générations l’indignité de s’accroupir afin de se soulager. La vie semble être devenu apparemment beaucoup plus sanitaire.
Malheureusement de nombreuses conséquences néfastes sur le corps humain découlent aussi de cette contribution. Puisque nous ne nous accroupissons plus, nous avons perdu énormément de force dans nos jambes et en particulier de la portée inférieure de mouvement. Nous découvrons que la mobilité de l’articulation de la hanche dont l’évolution permet une rotation libre est en grande mesure étranglée. Les tendons du jarret sont tendus et ils tirent sur la partie postérieure du bassin ce qui contribue à la détérioration du désalignement du bassin créé par l’influence de la chaise.
Par la suite puisque l’accroupissement devient une action étrangère et peu comfortable on a tendance à se plier à partir de la taille afin de récupérer des objets à terre. Il en résulte que nous surutilisons les extenseurs lombaires qui sont relativement petits et nous n’utilisons pas assez le grands muscles en place pour ces tâches, c’est-à-dire les muscles fessiers et les quadriceps.
Les genoux sont aussi rarement stimulés sous charge à travers toute la gamme de mouvement et par conséquent sont devenus faibles. Faibles et extrêmement vulnérables aux exigences d’une discipline aussi vigoureuse et dynamique qu’est l’Aikido.
Considérons que l’Aikido se dérive d’une culture physique qui s’accroupissait et utilisait beaucoup moins les chaises. Les enseignants d’Aikido japonais se sont rendus compte qu’en communiquant cet art à l’occident qu’ils avaient à faire à non seulement à une culture différente mais au point kinesthésique à un corps humain différent. Il y en a qui ont remarqué que le corps humain de l’occident leur semble tête-à-queue. Lorsqu’une personne se trouve incapable de tirer de la force effectivement des jambes et la région du bassin, elle doit se fier sur ce qui reste, c’est-à-dire la partie supérieure du torse, la poitrine et les bras.
Si votre entraînement en Aikido se déroule depuis quelque temps on vous a sans doute invité à vous détendre. Parfois cette correction est communiquée avec une telle force que cela vous inspire peu à vous détendre.
J’avance que ce dont on a besoin est d’être tendu de façon appropriée dans les bons endroits, aux bons moments, créant une vague d’évènements musculaires qui établit une ligne de force nette dans le corps.
En stabilisant et en renforçant nos muscles de base, nous protègerons notre dos, déterminerons pour nous-même, nettement, notre centre physique et nous libérerons notre corps supérieure pour qu’il puisse compléter sa propre fonction.
En renforçant et mobilisant nos jambes et les articulations des hanches, nos protègerons nos genoux et construirons une fondation physique qui servira à exprimer la puissance du corps en entier.
Ceci nous amène à nous poser la question , “Précisément, comment?”
J’y suis…

The Mystery of the Moving Center

by Daniel Kempling

Published Onli

I believe that as students of Aikido, this magical martial art, we all strive to express power efficiently in our techniques and to safely neutralize that same power within our bodies through the study of ukemi. Though we train sincerely year after year with many fine examples before us, still many of us miss the mark in this regard.
Why is that?
Is the ability to move from one’s center reserved for the chosen few?
Or is it that we’re barking up the wrong tree?
Perhaps we’re not asking the right questions, or, as teachers, we embody this ability, but lack a clear instructional design to transmit it to our students.
My work as a personal trainer a
nd as a Pilates instructor has given me some tools of investigation that have been of great help in my understanding of what it means to move from one’s center. Recognizing the limits of conveying these through the written word, here, nonetheless, follow a few observations.
From a strictly physical perspective, here’s the problem as I see it: in an effort to make our lives more comfortable, we have created for ourselves ergonomic aids, such as the chairs and the flush toilet, that have exacted a profound toll on our ideal spinal alignment. From early childhood, we have encased our feet in shoes, deadening our connection to the earth. We have paved our paths and built stairs between the heights, limiting the mobility of the hip joint and weakening the legs.
It is with such bodies that most of us begin the study of Aikido, an art that presupposes the very physical capacities that we lack. Until we address these shortcomings our quest for holistic, coherent movement will truly be like looking for a needle in a haystack.
Let’s address these problems, then, starting with spinal alignment.
The human spine has evolved to an ideal shape that allows for power, shock absorption, and freedom of movement when aligned vertically with the pull of gravity. The spine is not of course, one solid bone, but a series of connected vertebra, like a string of pearls, that relies on appropriate muscular contraction to keep this ideal shape.
When we stand or sit, ideally the pelvis is vertical with a slight concavity in our lower backs. The shoulder blades are drawn down and back, the chin is level, and the crown of the head extends heavenward. Yet such posture is so rare these days that it sticks out like a sore thumb. Our reliance upon the chair can take much of the credit for this.
Whether it be sitting at our desks, caved into our couches, or driving our cars, we give up the job of spinal support so completely to our chairs, that not only have we forgotten what proper alignment feels like, but we find that our core musculature, our natural corset, has gone slack.
This loss of resiliency has had a debilitating impact upon our ability to protect our spine, and injuries to the lower back are now endemic in our society, even among the young.
The second great aid to modern life, the flush toilet, has spared our past few generations the indignity of squatting to relieve ourselves. Life has become seemingly much more sanitary.
Alas, this too, has exacted a toll on our bodies.
Because we no longer squat, we have lost a great deal of strength in our legs, especially in the lower range of motion. We find that the mobility of the hip joint, evolved to rotate freely, is greatly constricted. Our hamstrings have become tight, pulling on the back of the pelvis, thus worsening this chair - influenced tendency towards pelvic misalignment.
As squatting is a foreign and uncomfortable action, we tend to bend from the waist to retrieve objects on the ground. This causes us to over-use the relatively small lumbar extensors and under-use the large muscles meant for the job, the glutes and the quadriceps.
The knees, too, are now rarely stimulated under load through their full range of motion, and they have become weak. Weak, and exceedingly vulnerable to the demands put upon them in the practice of a discipline as vigorous and dynamic as Aikido.
Now, Aikido sprang from a physical culture that did squat and used chairs to a much lesser extent. Japanese Aikido teachers, when transmitting this art to the West, found that they were dealing not only with a different culture from their own, but, kinaesthetically speaking, with a different body. Some have remarked that our western bodies to them seem upside down.
For when a person is incapable of drawing power effectively from the legs and pelvic region, he relies on what’s left: his upper torso, the chest and arms.
Chances are, if you’ve been training in Aikido for any length of time, you’ve been told to relax. Some times this correction is delivered with such vehemence that it inspires anything but relaxation.
I submit that what we need to be is appropriately tense in the right places, at the right times, creating a wave of muscular events that establishes a clean line of force in the body.
By stabilizing and strengthening our core muscles, we will protect our back, define for ourselves, vividly, our physical center, and liberate our upper body to perform its proper role.
By strengthening and mobilizing our legs and hip joints, we will safeguard our knees, and build a physical foundation for the clear expression of whole body power.
This begs the question,” Exactly how?”
I ‘m working on it.
This essay was originally published in the summer 2004 issue of Biran, and as a blog on Aikido Journal in January 2006